09. Navegando por el Mar Rojo

16 Septiembre 1966

Navegando por el mar Rojo recibimos un mensaje del Armador para que fondeáramos en Hudaidha, en el Yemen del Sur para recoger una pequeña carga para Adén, en el Sur del la península arábiga. Cargamos y seguimos, pero para mi sorpresa no íbamos exactamente hacia Adén, el rumbo era un poco más abierto. Nos acercábamos más a Somalia.

Aquella noche, me desperté porque había dejado de sonar el motor, me vestí y salí fuera encontrándome al camarero.

-¿Qué pasa?. ¿Por qué hemos parado en alta mar, es una avería?-

-No – dijo sonriendo- Aquí es donde hacemos negocios la tripulación. Tratamos con los contrabandistas somalíes. Les traemos coñac, que ellos tienen prohibido, y nos lo pagan muy bien. Se llama San Valentín, es malísimo y nos cuesta muy barato. Después de varios viajes siempre quieren el mismo. Si Vd. en su camarote tiene alguna botella de algún alcohol, véndala. No le pagarán tanto como el coñac pero siempre es mucho más que lo que vale.-

Tenía en mi camarote una botella de whisky Chivas y otra de Brandy y con ellas salí a cubierta. Allí estaban los árabes comprando. Estaban muy armados, si quisieran quedarse con el barco podían hacerlo.

Me dieron diez libras esterlinas por cada botella. Quedé impresionado y me prometí que si volvía por estos parajes traería más alcohol.

En media hora se acabó el negocio, arrancaron los motores y nos fuimos rumbo a Adén.

Cuando por la mañana me llamó el camarero para la maniobra de atraque, me preguntó:

-¿Hizo muchos negocios?

-Diez libras por botella –

– Pues está muy bien, porque yo le traigo ciento cincuenta dólares, que es lo que le corresponde-

-Yo no he invertido nada en ese San Valentín-Le dije asombrado.

-No importa, es el cargo el que tiene el derecho, ya se lo descontamos al anterior agregado y ahora a Vd. para el próximo viaje. Pero cuidado que los dólares son falsos, aunque los puede gastar en todo oriente. Las libras que le dieron son buenas, pero con esos dólares no regrese a España.-

Quedé estupefacto y saqué una lupa para comparar los dólares falsos con los míos auténticos. No vi ninguna diferencia.

Durante la comida le dije al camarero:

-He comparado detenidamente los dólares con una lupa y los veo exactos-

-No se engañe, parecen iguales, pero si con un trapo húmedo los frota, verá que destiñen. Los buenos aguantan eso. En cambio las libras tienen una pieza de metal que las hace casi imposible de falsificar.-

Atracamos en Adén y empezó rápidamente la descarga. El Primero me dijo que bajara a tierra a comprar cosas con el dinero que tenía, porque saldríamos aquella noche.

Bajé, de uniforme, a tierra y me encontré al pié de la pasarela un árabe con una máquina de coser. En el pichinglis de los puertos me dijo que por un dólar me hacia una camisa de uniforme de trabajo, o sea caqui, en poco rato. Lo dudé, pero por ese dinero valía la pena. Encargué tres camisas. Me tomó medidas con una cuerda que tenía varios nudos y me dijo que en una hora estarían listas.

Adén es un puerto franco en el que había muchos bazares para comprar de todo. Yo me gasté casi todos los dólares en maquinas de fotos y radios. Estos artículos me perecieron adecuados para transformarlos en España otra vez en dinero.

Cuando volví al barco las camisas ya están hechas, las pagué y una vez en el camarote me las probé. Me venían perfectas. Si no fuera porque ya nos marchábamos encargaría más. A ese precio!

Salimos del puerto de Adén rumbo a Colombo, la capital de Ceylán o Sri Lanka. Ahora podría usar cada día mi sextante.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *