08. Pasando el Canal de Suez

9 Septiembre 1966

Seguimos con las guardias de mar cuando fondeamos en Port Said y preparamos la navegación para después del Canal. Íbamos a Jordania a un lugar llamado Aqaba. Estaba cerca del Canal, en un golfo con una entrada bastante estrecha y sin balizar, debido a las constantes trifulcas entre los vecinos de la zona. Bueno, pues nos dimos cuenta que no llevábamos las cartas de navegación adecuadas, sobre todo la de la entrada del golfo.

Don Juan me mandó al barco que teníamos más cerca, un australiano, para que copiara la carta. Me pareció bastante cutre y me dio vergüenza cuando subí al barco australiano. Pero los australianos eran encantadores y me ayudaron a copiar la entrada peligrosa del golfo. Me regalaron unas latas de carne de canguro.

También comimos muchas langostas que se cambiaban a dos por un cartón de tabaco Camel, a barquitos que se abarloaban al nuestro.

El Segundo Oficial fue a tierra para contratar el paso por el Canal. Además del pago, nos vinieron a instalar un gran faro en la proa. Otros barcos que pasan frecuentemente el Canal lo llevan instalado. Subió un práctico que pidió un camarote y comida para él y los dos marineros que traía con un pequeño bote. Pidió que por favor le diéramos unas latas de aceitunas rellenas de anchoa. El Segundo Oficial nos dijo que a él no le dejaban pasar por el Canal, porque en su pasaporte había un sello de haber estado, años atrás, en Israel. Tenía que ir por tierra hasta Suez y dormir no sé dónde.

Por la mañana entramos en el Canal despacio. Es de arena y estrecho. Solo cabe un barco a la vez, no como en Kiel que pasan dos. La velocidad es baja para no rellenar con las hélices el Canal, a pesar de las muchas dragas que sacaban arena del fondo. La flota que iba hacia el Sur se componía de unos cincuenta barcos con el objetivo de fondear, para pasar la noche, en el Lago Salado cerca de Ismailia. Allí nos encontramos con la flota que iba hacia el Norte procedente de Suez.

En Suez recuperamos al Segundo a quien trataron muy bien.

Al día siguiente llegamos a la entrada del Golfo de Aqaba. No sé si es que no se fiaron de mis dibujos, pero mandaron un bote por delante para inspeccionar la entrada. Por la tarde fondeamos al final del Golfo donde confluyen los países de Arabia, Israel, Jordania y Egipto en pocos kilómetros. Esperamos al día siguiente, para descargar cajas de vino para un restaurante español en Aman, del Reino Hachemita de Jordania, que es el nombre oficial de este país.

A mediodía ya hacía bastante calor, decidí bañarme. Como la escala estaba bajada para la descarga manual de cajas. Me tire cerca. Al rato vi que desde el barco me hacían señales de volver. Cuando salí del agua vi un tiburón que daba vueltas por allí.

Por la noche, con muy buen tiempo, decidimos Don Juan y yo bajar a tierra para dar un paseo. No enfundamos en nuestros uniformes blancos porque en este tipo de países se respetan mucho los galones aunque sean de la Marina Mercante.

Allí no había puerto sino una playa con embarcadero después un pueblecito polvoriento y desierto que atravesamos en poco tiempo.

-Ya está – dijo el Primero- Lo hemos visto todo y no hay ningún sitio donde ir.-

Oímos a lo lejos, ya en el campo, ruido de música. –Vamos a ver qué pasa –Dije encantado.

Nos acercamos al lugar de donde salía la música y se acercó a nosotros un árabe vestido elegantemente de blanco, nos dijo en ingles correcto

-Buenas noches, estamos celebrando mi boda. Estaría muy honrado si asistieran a las celebraciones dos Oficiales del barco español que está aquí en Aqaba.-

Nos dieron asientos de primera fila. Pasaban los chiquillos con bandejas de golosinas. Trajeron tazas de café que era muy fuerte. Más de la mitad era poso. A la tercera taza, nos dijo el novio – Si no quieren más café, muestren al chico el asa de la taza. –

La celebración de la boda consistía en danzas, carreras y exhibición con caballos, pero ni una sola mujer. – Ellas hacen la fiesta por su lado- Nos explicó. – Se supone que la conoceré mañana, cuando venga a mi casa. Sus padres y los míos han organizado la boda-

Pero entonces, de repente empezaron los disparos. Todo el mundo se revolucionó. Salieron muchas armas. Le preguntamos al novio que es lo que estaba pasando

-Un comando israelí ha incendiado el granero del pueblo- Les recomiendo que vuelvan al barco, aquí no están seguros y la gente está muy nerviosa.-

Le dimos las gracias y nos fuimos hacia el puerto custodiados por tres árabes que vigilaban por nosotros.

De madrugada dimos atención a las máquinas para poder llegar a la entrada del Golfo de Aqaba a mediodía que es cuando se ven mejor los arrecifes.

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