07. Navegando por el Báltico

29 Julio 1966

Estuve triste varios días, nunca más supe de ella ni volví a Polonia.

-Empiezas a saber lo que es ser un marino.- Comentó Don Juan. El Segundo Oficial me dijo que le debía cuarenta dólares de la juerga en Gdynia.

Ahora navegábamos hacia Suecia, a Lövholmen que es un pequeño aserradero cerca de Luleå.

en Laponia, en el Círculo Polar Ártico. A bordo todo funcionaba bien, el radar, el giróscopo y la radio (especialmente). Estaba muy orgulloso de este barco…

El MN “La Rioja” tenía unos 100 metros de eslora por 15 de manga y 6 de calado. Fue construido como frutero en 1953 por la Empresa Nacional Bazán pero se vendió a la Naviera Marasia en 1964. Desplazaba 6500 Toneladas y cargaba unas 3500. Más adelante se le cambió el nombre por el de MS Antártico.

Su motor diésel alemán de 6 cilindros daba 2300 Caballos con un consumo de 10 Toneladas de gasóleo al día, y nos ponía a 14 nudos de velocidad. Como cargaba 330 Toneladas de combustible, podíamos navegar un mes sin repostar. Un buen barco.

En Lövholmen empezó la carga de inmediato. Vi como uno de los descargadores bajaba la pasarela bebiendo algo y antes de llegar atierra se cayó. Salí corriendo para ayudarle y vi que tenía en la mano una botella de alcohol vacía de nuestro botiquín. Alguien se la había vendido.

Luego vino el Pastor de Luleå, para invitarnos a una fiesta que daría aquella noche en su parroquia. Bueno, de noche nada, porque el sol recorría todo el horizonte sin ponerse.

Aquella noche estuve un rato en la fiesta, pero me marché pronto. Las chicas eran guapísimas, pero nada comparado con mi Dorotta.

Estuvimos cargando madera es varios aserraderos hasta que llenaron la cubierta con madera. Íbamos más que a tope. De hecho, como en el Báltico el agua es casi dulce, cargábamos más para que al llegar al agua salada del mar del Norte el barco se pusiera en sus marcas de máximo calado. El peligro estaba en que el centro de gravedad se elevaba mucho y con mal tiempo, si se desplazaba la cubertada, podríamos volcar.

Pero tuvimos buen tiempo hasta Alicante donde llegamos un mes más tarde.

Ya me había acostumbrado al ritmo del barco. Empezaba el día durante la primera guardia, a las cuatro de la mañana, daba cuerda a mis amigos los cronómetros. A las cuatro desayunábamos algo y me iba dormir. Me levantaba a las once para la comida y a las doce menos cuarto subía al puente para calcular la situación. Hacía la guardia hasta las cuatro y me dedicaba a leer hasta las doce de la noche para empezar otro día.

Al llegar a Alicante, desembarcaba por vacaciones el cocinero y la naviera nos envió tres para elegir uno. El tema del cocinero era vital, porque podría producir mal ambiente en el barco. Había que tener en cuenta que muchos tripulantes eran vascos, acostumbrados a comer bastante bien (además del Capitán). Don Juan junto al sobrecargo entrevistaron a dos, con los menús en la mano, y no le gustaron. El tercero parecía bueno y cuando ya hablaban animadamente de platos y recetas el cocinero preguntó.

-¿Puedo hacer bacalao para cenar todos los días?-

-Hombre, tendremos un motín-

-Cada día será una receta diferente, y si se demuestra que la repito, pago la nómina de todo el mundo ese día-

-Déjeme preguntar al contramaestre, espere un momento- dijo el sobrecargo.

El contramaestre, un vasco serio que llevaba una boina que nunca se volaba, dijo que se aceptaría bien por la tripulación. El cocinero quedó contratado.

Compré un buen montón de libros, porque nos esperaba un largo viaje hasta el Pakistán Oriental, que posteriormente le cambiaron el nombre por Bangladesh.

A la altura de la isla de Malta empezó a fallar el cojinete nuevo que nos habían instalado en Santander. Y así no podíamos pasar el Canal de Suez. Recibimos instrucciones del Armador de ir a Trípoli para reparar.

Sin nada que hacer en Trípoli fui a las montañas a ver los famosos cedros del Líbano, que están en su bandera.

Terminada la reparación, no había llegado el dinero del pago. Así que, siguiendo las leyes internacionales del mar, nos embargaron el barco.

Cuando ya nos pudimos marchar, pusimos rumbo a Port Said para pasar el Canal de Suez.

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