16.En el Mediterráneo.

24 Noviembre 1966

Tuve un compañero en la litera sobrante del camarote. Y los demás refugiados se acomodaron por todo el barco, incluido el camarote del ex-Capitán que había sido convenientemente limpiado y desinfectado.

Yo seguía con el pié hinchado, cubierto por un calcetín grueso, porque aquí no era como en trópicos que casi sin ropa podíamos pasar.

Cinco días más tarde arreció el viento del Norte haciendo balancear y cabecear considerablemente el barco. Lo que se llama cuchareo. Se movía mucho, porque íbamos hacia el Oeste. Las olas grandes y altas rompían contra nosotros. Una ola todavía mayor dañó la chimenea y algo de agua entró por los tubos de escape. Estábamos a la vista del faro de Cabo Caballería en el Norte de Menorca. El motor bajó bastante de revoluciones. No podíamos remontar el temporal y nos acercábamos cada vez más al Cabo Caballería. Don Juan ordenó destrincar los botes y ponerse todos el chaleco salvavidas. Nos reunimos los oficiales y refugiados en el puente mientras cada cinco minutos tomábamos la marcación del faro. No progresábamos y los de máquinas hacían esfuerzos sobrehumanos para dar potencia. Mas bien retrocedíamos y cada vez estábamos más cerca de las rompientes, que ya podíamos oir. Así pasamos el día. Por la noche Don Juan me dijo:

-Rafael, trae de mi camarote una botella de whisky “de los monjes” para calentarnos y a ver si nos da suerte .

Después de una segunda botella a morro, me tocó hacer la marcación al faro. Daba igual, ya no perdíamos, los otros oficiales comprobaron el ángulo. Media hora después, casi medianoche cayó el viento, arreglaron el motor y pudimos seguir hacia Barcelona.

El 30 de Noviembre atracamos en el muelle Poniente Sur de Barcelona. Había mucha gente en tierra. Sabían que traíamos refugiados. Nuestro aspecto era horrible después de la Tramontana. La prensa y las familias de los refugiados nos esperaban. Decían:

-Salimos de Egipto por miedo a la guerra y casi no lo contamos al norte de Menorca.-

Vi a mi padre con Blanca, la que sería mi mujer años después.

Salí cojeando para abrazarles y mi padre, que me regalaba una Biblia, me llevó inmediatamente al Hospital Clínico, donde tienen algunos expertos en medicina tropical. También llevábamos a un tripulante al que le salían unas manchas negras en la piel, que le cambiaban de sitio. En el Clínico no supieron decirnos que es lo que teníamos y el mejor consejo que nos dieron es que volviéramos a Bangladesh para que un médico de allí nos diagnosticara.

Hice mis maletas y me desembarqué, porque mi padre me convenció de que con el pié así, me quedara en casa por lo menos hasta pasar Navidades.

Al día siguiente pasé a recoger mis cosas y despedirme de todos. Don Juan me dió un abrazo y me firmó mi Diario de Navegación para que constara oficialmente este viaje con sus detalles. Estaba a bordo el Inspector de la naviera reconociendo los daños que nos había hecho el temporal. Alguien le preguntó sobre el ex-Capitán.

-El helicóptero americano lo depositó en un hospital de Colombo. Allí le dieron una purga y evacuó toda la fabada. Por orden de la naviera tomó un avión directamente hacia Madrid y nada más tocar tierra, en el aeropuerto, se le entregó la carta de despido. –

Aquí, en Barcelona terminó “El primer viaje”.

Al cabo de una semana, repentinamente y sin saber cómo, se deshinchó el pié.

El 12 de Diciembre, sin esperar a Navidades, me embarqué en el buque tanque Artola al mando de un gran Capitán que se llamaba Don Julián Artadi Ormaechea. Pero eso es otra historia.

2 respuestas a 16.En el Mediterráneo.

  1. ALBERTO SOMOZA CONDE dijo:

    El 12 de Diciembre de 1966 yo estaba en el B/T. Artola como alumno de máquinas.

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