15. De Chalna a Suez

7 de Noviembre 1966

Ya regresábamos a España. Todo el barco funcionaba bien, menos los extractores de bodega que fallaban. Era un problema porque había que mantenerla libre de polvillo, que era muy inflamable y según en qué proporción, explosivo. Las pacas de yute estaban muy bien estibadas pero en ocasiones el fuego venía dentro de ellas, latente, hasta que se declaraba. Los extractores, además de limpiar el polvillo, nos ayudaban a oler la bodega sin tener que abrirla.

Yo tenía un problema, en una de las bajadas a la bodega me picó en el pié derecho un bicho que debía estar oculto en el yute. Casi no me di cuenta, pero aquella noche el pié se me hinchó bastante. No podía ponerme el calzado, iba siempre descalzo o con calcetines. Un poco raro, sobre todo cuando me ponía el uniforme. Claro que aquella gente lo veía como normal. Nunca habían usado zapatos.

Otro problema era el agua. No nos habíamos atrevido a cargar agua en Bangladesh, por los muertos en el ciclón y en Sri Lanka no hubo ocasión. Además los estibadores de Chalna también habían consumido lo suyo.

Racionamos el agua consumiéndola solo para beber y cocinar. Lavar y ducharse había que hacerlo con agua salada, de mar. Nos dieron un jabón especial para agua salada, pero tampoco hacia espuma, Para no tener sal en la ropa, no la lavávamos, o la lavávamos poco, con la consecuencia del olor corporal. Pero se soportaba con buen humor.

El tema de comida estaba solucionado por la parte del bacalao en la cena. Pero lo demás, la comida fresca escaseaba y las verduras ya no existían. Aquí el cocinero se tuvo que esmerar. Pero la tripulación sabía que la causa era la salubridad y no haber cargado alimentos para la vuelta. No hubo protestas,

Oímos por radio Calcuta que se estaba formando otro ciclón tropical. Nuestra derrota pasaba cerca de él. Nos comunicamos otra vez con la flota americana. Pero teníamos tiempo para desviar el rumbo unas 120 millas del vórtice y para no tener que volver a pasar un mal trago.

Empezábamos a retrasar el reloj de bitácora (no mis cronómetros), en grupos de veinte minutos para que no afectara demasiado a las guardias.

En medio del Indico existe un pequeña isla que está dividida por una cerca en dos partes. Un parte es para leprosos y la otra es para los de viruela. Pasamos ceca, vimos pescadores, paramos y negociamos bastante pescado fresco a cambio de tabaco. Yo los miraba con aprehensión, pero me dijeron que podían estar curados o ser hijos de enfermos. Los que enviaban allí nunca volvían a su lugar de origen, aunque estuvieran sanos.

Deseábamos llegar al Canal de Suez para repostar agua y alimentos frescos.

La navegación fue muy tranquila. Hacíamos concursos de velocidad con los cálculos matemáticos, necesarios para averiguar las posiciones que calculábamos usando el sextante y el cronómetro. También dábamos por onda corta nuestra posición a la naviera.

El 23 de Noviembre fondeamos en Suez esperando al Práctico. A las 4 de la mañana nos unimos al convoy hacia el Lago Salado.

Fue en Port Said donde, por fin, hicimos 250 toneladas de gasóleo, más 50 de agua y alimentos frescos. Habíamos pasado el Canal, viendo a ambos lados movimiento de tanques y tropas. Los Prácticos estaban nerviosos. Seis meses después se declaraba la Guerra de los Seis Días entre Israel y Egipto. Se cerraría el Canal.

En Port Said nos llamaron de España, pidiéndonos que embarcáramos a un par de familias con todas sus pertenencias. El miedo de la guerra.

Nos duchamos y lavamos toda la ropa porque nos deba vergüenza que los refugiados nos vieran tan sucios y desastrados. Fue el viaje más largo de toda mi vida de marino, y aun faltaba lo peor.

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