14 Fondeando en Bangladesh

22 Octubre 1966

Bangladesh tiene el triste récord de ser uno de los países más pobres del mundo, Es un enorme manglar selvático donde todo se hace difícil. Nosotros íbamos a Chalna que está en el río Pussur, una de las bocas del Ganges. En la desembocadura hay una barra que solo se puede pasar en pleamar o sea a primeras horas de la mañana. Por lo que fondeamos y esperamos. Al día siguiente pasamos a la barra y navegamos cuatro horas antes de volver a fondear esperando el Práctico.

Después de navegar unas ocho horas río arriba, fondeamos con dos anclas. Las cargas bajaban de Chalna en grandes gabarras y el río se estrechaba hasta unos 500 metros y poco fondo.

Tres días más tarde, por la mañana empezamos a bajar el río, cargados para Chittagong saliendo a mar abierta dieciséis horas más tarde.

Tardamos tres días en llegar al puerto de Chittagong, al este del delta. Tampoco está en la costa, sino cerca de la desembocadura del río Karnafolli. Un río ancho y que es navegable hasta la cuidad, donde fondean unas docenas de barcos. A nosotros nos dejaron amarrar río abajo por estribor pero como venía crecido y con corriente lo hicimos con 3 grilletes del ancla de babor, cinco largos y dos sprint.

En lastre volvimos al Pussur, por fin a buscar el yute. Fondeados río abajo de Chalna bajaron unas barcazas enormes con las pacas de yute y los trabajadores, unos doscientos. Eran pequeños y delgados. Cumplían todas las ceremonias religiosas a lo largo del día. Solo nos pedían agua potable.

Una paca de yute se manejaba entre seis personas, lo que era mucho teniendo en cuenta que quien la las izaba de la gabarra y bajaba a la bodega eran las plumas. La verdad es que aquellos hombres daban pena. Durante el trabajo cantaban una especie de letanía con ritmo que les ayudaba a coordinar movimientos y saltos.

El yute es muy incendiable (teníamos prohibido fumar en espacios abiertos), lo colocaban por capas, pero para terminar una capa para que hiciera presión consigo mismo y no hubiera fricción, insertaban una paca más entre dos saltando encima de ella durante bastante tiempo. Todo al ritmo de la salmodia.

El Don Juan estaba preocupado porque con al ritmo con que se estaba cargando tardarían mucho tiempo. El tiempo que teníamos para cargar era corto, avanzaba el invierno y el río se pondría peligroso en una o dos semanas. Trabajaban en cada bodega unas treinta personas y aunque les dábamos caramelos Sugus, que nos habían dado en gran cantidad una ONG en Alicante, no avanzábamos suficientemente rápido.

-Rafael, toma un tripulante, un bote y un indio; ve al ver al tipo que nos manda la gente. Contrátale otras doscientas personas, que en realidad son treinta trabajadores más por bodega. A ver si de esta manera en una semana salimos de este encierro.- Me dijo el Don Juan.

Río arriba, por la tarde, llegamos a una pasarela donde debíamos amarrar el bote. Encima de ella estaba una persona blanca, vestida de blanco, que nos gritaba en castellano con acento gallego.

-¿Que hay alguno de ustedes de Muros?-

El tripulante que venía conmigo no era de Muros, pero si gallego. Ya hizo feliz a nuestro interlocutor.

-¿Es Vd. quien nos envía la gente? – Le dije

-Si. Pero no hablemos de trabajo, cuéntenme cosas de España. Me llamo Raúl. Esta noche se quedan en mi casa a cenar y a dormir. Mañana de día podrán regresar al barco- Decidió con una enorme sonrisa.

Andando, a la media hora llegamos a una casa grande y bonita. Nos acompañó a las habitaciones e invitó a ducharnos.

-Dúchense tranquilamente que luego cenaremos.-

Me metí en la ducha y por arte de magia apareció una sonriente chica joven hablando paquistaní como una ametralladora. Nos duchamos los dos. Ella más a mi.

Me vistió con una tela en la cintura, como una falda y una camisa (también le llaman camisa) y me fui al salón para cenar. Me encontré con Raúl , el tripulante y varias señoritas que solo se reían señalándome vestido de aquella manera.

No me dejó meter en la conversación el tema de la lentitud de la carga.

-Me marché de España.- Explicó con su fuerte acento gallego – huido de la policía de algo que no hice- Su sonrisa indicaba lo contrario.- Como era pescador embarqué en la mercante en seguida y vinimos aquí a por yute. Pero no podía regresar. Así que me quedé y poco a poco he ido saliendo adelante.- Y bastante, pensé.

La cena era picantísima y muy abundante. No había alcohol y el agua estaba aromatizada.

Le explicamos con detalle como era la dictadura de Franco y todo lo que le interesó. Al final de la cena dijo:

-Ahora, a dormir, que mañana hay que madrugar. Les explicaré lo que tienen que hacer para acabar la carga a tiempo. –

Me fui a mi habitación y me encontré a la chica de la ducha que riendo se metió en la cama conmigo, debajo del velo antimosquitos.

Por la mañana, durante el desayuno, Raúl me dijo:

-Vds. están cargando muy despacio. Y eso es peligroso porque con el retraso del monzón ya va siendo tarde y el invierno se nos echa encima- Eso ya lo sabía, pensé – La culpa la tienen Vds. mismos porque a los trabajadores no les pegan. –

Me quedé asombrado, no debí entender.

-Desde los tiempos antiguos, de los grandes veleros, venían de Europa a buscar yute. Para cargar más rápido pegaban a los trabajadores. Actualmente la tradición continúa, si no hacen el gesto de pegar ellos lo interpretan como que no hay interés en ellos ni en lo que hacen. Estibar el yute bien es muy importante. Por los incendios que pudieran tener.¿Recuerdas la canción que siempre están cantando?

-Si- Contesté

-Pues hay que acelerarla. Además no tengo más trabajadores, porque todos los barcos que vienen cada año están ahora por aquí.-

Continuó dándome instrucciones hasta que llegamos al bote. Allí estaba el acompañante hindú.

-Adiós amigos. Haced lo que os digo y en pocos días navegareis hacia la mar. Palabra de gallego-

Con estas instrucciones regresamos. Ya nos esperaban impacientes. Haciendo un poquito de teatro nos reunimos en la cámara los tres oficiales y yo. Les explique el viaje y cuando llegó el tema de pegar todos se asombraron mucho.

-No hay que pegarles de verdad, sino que se trata de acelerar la salmodia. Sobre todo hay que bajar a la bodega vestidos de uniforme, pasar cerca de ellos. Eso habrá que hacerlo varias veces por guardia. Yo empezaré porque estoy en la guardia de Don Juan.

Fui al carpintero y le dije que me preparara un bate de béisbol. Me puse el uniforme y ante la expectación de todos bajé a la bodega. Paseaba entre ellos con el palo al hombro y me sonreían. Poco a poco aceleraban la salmodia y como todo lo hacían a ese ritmo, también se aceleraba la carga. Un par de horas más tarde la canción languidecía y había que bajar otra vez repitiendo la ceremonia.

Al comenzar la segunda semana de Noviembre embarcamos al Práctico para bajar el río Pussur completamente cargados y bien estibados.

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