12. El Ciclón tropical

12 de Octubre 1966

Nos dijeron por radio que se pagaba el flete porque la carga estaba casi toda a bordo, pero con explosivos no podían tener el barco en el puerto.

Pensamos que con la carga no trincada tampoco podíamos estar en medio de un ciclón tropical. Lo que nos pagaban extra ya no nos parecía tan bien. El Primer Oficial reunió a todos los oficiales de puente y máquinas para explicarles la situación.

-Vamos a gobernar el ciclón. Como sabéis de la Escuela de los 360º del circulo de vientos donde es realmente peligroso es este sector y el centro en la que la mar es confusa, o sea que golpea de todos lados. El Capitán sigue sin aparecer- Y añadió:

-La radio, comunicando con los de la flota americana que está por estas aguas nos indicará el rumbo del ciclón para gobernarlo. La Rioja es un barco fuerte pero la carga que llevamos es inestable, no está trincada y con este tiempo no puedo mandar abajo a nadie para que la sujete.-

Y continuó:

-Vamos a un fondeadero que se llama Trincomalee en el Noreste de la isla, pero no se extrañen si vamos a otro rumbo, porque debemos movernos lo mínimo posible. Una vez lleguemos allí, el fondeadero está al final de una especie de fiordo, o sea que el mal tiempo nos pasará por encima.-

Dirigiéndose a los de maquinas les dijo:

-Es fundamental que no se pare el motor, al que tienen que dar potencia, porque tomaremos las olas de proa y no atravesarnos a la mar.-

No se me notaba, pero me temblaban las piernas, no solo porque el barco podía saltar en pedazos, o el ciclón tropical que tenía por delante sino porque por segunda vez dejaba en puerto una chica sin despedirme. Para no pensar recitaba la canción que había aprendido en las milicias universitarias.

Cantan los jóvenes:

“El ancla zafó, avante las dos, rumbo hacia alta mar.

Dime serviola si ahí en el muelle a mi novia ves llorar”

Responden los viejos:

“Déjala que llore, que te importa su llanto,

si a pocas singladuras cuando atraquemos otra encontrarás”

No sabía si mirar el peligro de delante, sufrir porque aquello podría estallar en cualquier momento o mirar atrás para recordar los cálidos abrazos de Premawatee.

El ciclón es un espectáculo impresionante, con un ruido ensordecedor. Ni gritando al oído de alguien te puede entender. Todo era por signos.

Habían tirado unos cabos de popa a proa para poder circular por cubierta cuando era imprescindible, para evitar que una ola te arrastrara. Con el timón manual y a las órdenes del primero salvábamos las gigantescas olas. Nos imaginábamos los cañones de campaña sueltos en la bodega arrollando y destrozándolo todo.

Recordaba el monumento al escritor polaco Joseph Conrad. que vi en el puerto de Gdynia, con Dorotta, que escribió el famoso libro “Tifón”.

Ese es el nombre que los chinos le dan al ciclón tropical y viene de las palabras Tai (Fuerte) y Fun (Viento). Me impresionó mucho ese libro y ahora lo recordaba.

Nos alejábamos de su rumbo, gracias al servicio meteorológico americano que nos indicaba cada cinco minutos, cuando un cambio de su dirección, probablemente al chocar con la isla, nos metió en el centro, el llamado ojo del huracán, donde la mar es más que arbolada, es confusa. No se puede gobernar hacia ningún lado porque las olas vienen por todas partes.

En el ojo el cielo estaba claro, casi no había viento, pero las olas rompían contra el casco de forma terrible. Salimos de allí, sin entrar en la zona más peligrosa y dando la proa a la mar conseguimos eludir el centro.

Estuvimos unas treinta horas para una navegación en otros momentos corta. Sin comer ni dormir.

Pero al fin entramos en el golfo de Trincomalee y el mar se calmó, aunque el viento siguió por las alturas de las montañas. Fondeamos, amarrando a una boya y bajamos a la cámara a comer después de una buena ducha.

Allí estaba el Capitán esperando la comida y haciendo frases que quería que fueran graciosas. Todos teníamos cara de perro por la cobardía que había demostrado. Trajeron fabada, comió y repitió dos veces. Los demás comimos rápidamente y con una escusa cualquiera nos fuimos a descansar.

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