01. El primer embarque

16 de Julio 1966

– No puedo embarcar sin tener una Biblia.-

– Eso no me lo habías dicho – Contestó mi padre – Vaya momento de acordarte. –

Ya estaba subiendo la pasarela del MN La Rioja, mi primer barco, cuando me detuve mientras imaginaba que Ismael no embarcó sin la Biblia y que gracias a ella no se hundió con el “Pequod”. Yo, a mis veintitrés años, era bastante inocente y en el mundo la verdad y ficción se me mezclaban frecuentemente.

-Volvamos a Santander a ver si encontramos una – Decidió mi padre –

El barco estaba en Astillero un pueblecito cerca de Santander. Era una tarde calurosa y llovía un poco cuando nos volvimos a meter en el coche de mi padre para ir a buscar una Biblia.

Pero después de recorrer varias iglesias nos dimos cuenta que siendo domingo no encontraríamos un lugar donde nos vendieran una. Así que le dije a mi padre:

– Volvamos al barco, son ya las seis de la tarde y debo embarcar, presentarme al Capitán y organizar mi camarote, además tendré que cenar y en los barcos se cena a la misma hora que los ingleses.-

Y después de despedirme de mi padre, agradeciendo el haberme traído, subí por segunda vez la pasarela.

Empezaba mi primer viaje. Aunque sin Biblia.

Dejé la maleta en cubierta, el barco, en dique, estaba muy sucio. Mientras, venia hacia mí un marinero que preguntaba:

– ¡Que quiere! –

– Soy el nuevo agregado y me manda el armador. Quiero saludar al Capitán – Le dije agregado porque me pareció más profesional que “Alumno de Náutica”.

– Sígame – Contestó.

-Don José – Dijo golpeando la puerta de un camarote. – Ha llegado el nuevo agregado – Y se marchó –

Nerviosísimo, imaginaba al Capitán como al héroe del barco, el hombre que lo sabía todo y al que todos obedecían. Había llegado a este puesto por su dilatada experiencia, su planta y elegancia tenían que ser magníficas.

– ¡Pasa! – Gritó una voz.

Abrí la puerta y me encontré con una enorme masa de carne sudorosa y en calzoncillos. Estaba derramado en una silla, el suelo a su alrededor estaba mojado del sudor y todo el camarote olía mal.

– ¿Cómo te llamas? – Me dijo con un fuerte acento andaluz.

– Rafael Escolá- Contesté.

– Rafael, pídele a un marinero que te enseñe donde está tu camarote y baja a las ocho para cenar. – Dijo, volviendo la cabeza y dando la conversación por terminada.

Mi decepción fue enorme. Al salir para recoger mi maleta miré al muelle para ver si estaba el coche de mi padre. Pero ya se había marchado. Estaba solo y a las órdenes de aquel monstruo.

Me acompañaron al camarote. Estaba bien, de unos dos por cuatro metros, con una litera doble, un escritorio y dos armarios. Pero era todo para mí, porque era el único agregado. Organicé todas mis cosas, ante la perspectiva de un viaje largo. Ya eran las ocho y era hora de bajar a cenar a la cámara de oficiales.

Ya estaba allí el Capitán, vestido con una camiseta sucia y pantalones cortos no mucho más limpios. No decía nada, solo esperaba la comida. Cuando al rato la trajeron se limitó a comer deprisa, se levantó y se marchó. No dijo nada.

Me quedé más tranquilo solo. Cené despacio y cuando estaba en el postre entró en la cámara un individuo bien vestido, me tendió la mano y me dijo:

– Tu debes ser el nuevo agregado. Soy el Primer Oficial. Me llamo Juan Bermejo. Como tú soy catalán. Pero aquí no soy Juan (pronunciado en catalán), sino Don Juan (en castellano). Podemos usar el catalán solo cuando queramos que no nos entienda nadie. También lo hacen los gallegos y vascos. Ya sé quién eres, porque he recibido una carta del armador.

– Encantado de conocerle Don Juan. – Me dejó decirle.

– Harás la guardia conmigo. De las cuatro de la mañana a las ocho y de las cuatro de la tarde hasta las ocho. También subiremos al puente un poco antes de las doce del mediodía para tomar la altura del sol. ¿Tienes sextante?

– Si, mi padre me compró uno hace poco. Se lo compró a un Capitán retirado y ya me lo han ajustado.

– ¿Has conocido a nuestro Capitán?

– Si- Dije prudentemente, sin añadir ni impresión, por si acaso.

– No te preocupes por él. Salvo a la hora de comer, no aparece casi nunca, siempre está encerrado en su camarote. Tú y yo gobernaremos este barco. Es un buen barco y aquí en Astillero estamos haciendo unas pequeñas reparaciones. Ya le han hecho fondos y menos pintar la obra muerta, que lo hará la marinería navegando, lo demás está terminado.

– Saldremos mañana pronto. Esta noche llegarán de vacaciones el resto de la tripulación. Iremos primero a Pasajes de San Juan a recoger potasa para Polonia, aunque el viaje principal es al Norte de Suecia, a cargar madera para Alicante. Vamos dentro del círculo Polar Ártico. Verás el sol de medianoche!- Y añadió – Ahora a descansar, el camarero te despertará por la mañana. En puerto el horario de trabajo es de ocho horas empezando a las ocho de la mañana. –

– El barco tiene es del 53. -Siguió – Era de la Empresa Nacional Elcano, pero hace un par de años lo compró la Naviera Marasia y estas son las primeras reparaciones de verdad que se le hacen al barco con este armador. Ya sabes que los quince años son fatales en el mar para toda la electrónica. Ahora venimos de Lobitos en África.-

Con esta introducción me animé bastante y después de despedirme me fui a mi camarote.

Me sentía mucho más seguro y con instrucciones claras de la vida en el barco.

2 respuestas a 01. El primer embarque

  1. Joaquín Lestón dijo:

    Buenas tardes, me resulta muy emotivo leer su historia y ver las fotos, ya que mi abuelo, fué marinero en un barco de la compañía Marasia. Se llamaba Joaquín Lestón Santiago.

    Reciba un cordial saludo.

    Joaquín Lestón.

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