6. La medalla.

Para salir del fondeadero del Guadiana, nos ayudó un gran remolcador que nos cogió por la popa con una gruesa estacha de nylon y nos dió la vuelta poniendonos la proa hacia la desembocadura. Mientras, izábamos las anclas. La maniobra sin Práctico estaba poco coordinada, pero a los Comandantes de buques de guerra les incomodaba la presencia de un civil dando órdenes en el puente. Las cadenas de anclas se cruzaron a proa, me contaron después. Yo estaba en la maniobra de popa, pero el drama no pasó de ahí, por suerte. Las anclas se aclararon al zafar el fondo.

Proa del Minador Marte

Lo peor fué que una vez el barco miraba en el sentido de la corriente, anclas arriba y claras,  con el remolcador aguantando en popa y hacia popa, el Comandante, que dirijía la maniobra, mandó dar avante toda y largar del remolcador. El Teniente de Navío al mando de la operación en popa gritó:

-¡Cuerpo a tierra!- Nos tiramos todos al suelo, mientras veíamos, por encima de nuestras cabezas, como la estacha adelgazaba por la tensión y al fin con un estampido se rompía. Para evitár la tensión dieron inútilmente marcha atrás. Un enorme latigazo sacudió el cabo por encima de nuestras cabezas. La estacha cayó al agua, porque se había roto cerca del remolcador. El buque siguió atrás un poco y consiguó que  la estacha se liara con las hélices, parando ambas maquinas.

-¡Fondo!- Gritaron desde el puente.

Cayeron al agua las dos anclas y se volvieron a cruzar porque el barco, con arranque y la corriente, giró hasta volver a dar la popa a la desembocadura.

-¿Que ha pasado? Preguntó el Comandante, cuando llegó a popa.

– El remolcador continuó tirando, sin largar, mientras el buque ya daba avante – Dijo un Teniente de Navío que mandaba la maniobra de popa. Pero mintió un poco porque el remolcador no debía largar hasta la desembocadura. La razón era que bajando el rio, el gobierno del barco, con la corriente a favor era muy malo. De esta forma el remolcador podía corregir la posición de la popa del buque supliendo al timón. Pero no podía dejar mal al Comandante. De remolques  yo sabía bastante, porque de estudiante, pasé un año en el remolcador Llobregat, en el puerto de Barcelona.

Por el costado de babor, el Minador Marte

-¿Que sugiere hacer?- Le preguntó el Comandante.

– Hay que desliar la estacha rota de las hélices, no podemos navegar.- Contestó el Teniente de Navío.

-Ni a las maniobres de tiro que tenemos con los americanos de la OTAN ni a Tenerife.- Añadió el Comandante preocupado.

Violando la regla de no presentarse voluntario para ninguna tarea, le dije al Comandante.

– Puedo intentar arreglarlo. Necesito un equipo completo de submarinista y un soplete para bajar y cortar la estacha de las hélices.-

-¡Bravo muchacho!- Dijo alegremente el Comandante- Que le traigan rápidamente el equipo al cabo.-

-Mi Comandante- dijo al rato un Suboficial- Solo hemos encontrado esto.-

Me quedé atónito. Unas gafas submarinas de playa y un cuchillo de cocina. Ese era todo el equipo completo. Pero ya me había ofrecido. Me desnudé alli mismo y en calzoncillos me tiré al agua, armado con un cuchillo que me parecía poco afilado y atado con un cabo, para que no me arrastrara la corriente.

El agua estaba turbia y a los dos metros bajando por el costado del Buque se veia muy poco. Luego hacia crujía unos cuatro o cinco metros. La espalda me rozaba contra el casco, porque no llevaba plomos, para compensar la flotación.

Entoces ví la situación: la estacha estaba en la hendidura que hay entre la helice de babor y su arbotante para pasar a la de estribor para meterse también en su hendidura. Como las helices giraban en senttidos opuestos, una de ellas bloqueaba a la otra.

Vista la situación sali a la superficie para comunicarla. Respiré un rato para oxigenar y volví a sumergirme. Con bastante esfuerzo y saliendo de vez en cuando a respirar, pude cortar el tramo que unía las dos helices y el trozo largo que ondeaba hacia popa.

La hélice de babor quedaba libre pero no pude con la de estribor. Pero por lo menos no se bloqueban la una con a otra.

Salí del agua y noté que la gente me miraba horrorizada. Es que al frotar mi espalda contra el casco, debido a los pequeños mariscos, la tenía toda roja de sangte. No me dolía, solo me escocía un poco.

-Muy bién cabo- Me dijo el Comandante- Ve a la enfermeria a que te curen y luego sube a mi camarote.

Tras pasar por la enfermería para desinfectar toda la espalda, me fui al camarote del Comandante. Me esperaba con dos copas de Brandy. Estuvo amabilisimo. Me dijo:

– La hélice de babor gira normalmente, la de estribor un poco forzada. Pero llegaremos a las maniobras de tiro con la OTAN y luego a Tenerife. Allí quitaremos el resto de la estacha. Te mencionaré en el Diario de Navegación

Después de la copa de Brandy y charlar un rato no me pareció tan loco.

En medio de la ruta con Canarias, con la hélice de estibor más lenta y el timón a babor para compensar,  nos encontramos con un par de destructores americanos. Habíamos preparado un artilugio flotante con seis bidones metálicos. Lo dejamos caer por popa y nos alejamos. Los otros buques  hicieron lo mismo. Regresamos en fila india, en línea, los cuatro barcos. Al tener los señuelos al través, empezamos a dispararles cañonazos. Los hundimos, pero nunca supimos si fueron nuestros  tiros o los de los otros barcos. Todos tirabamos a la vez.

Cuando llegamos aTenerife vinieron un par de submarinistas de la Armada, bien equipados, que nos liberaron del resto de estacha. Cargamos muchos electodomésticos  y muebles, que debían ser peticiones de Oficiales en la Peninsula.

Un més más tarde en la lectura de las Leyes Penales, se mencionó mi nombre. En vez no era un arresto, se me otorgaba una medalla por los servicios prestados en el Minador Marte.

Una respuesta a 6. La medalla.

  1. José Luis dijo:

    Vaya, pues mi admiración y felicitaciones! Yo no era si soy capaz de hacer esto. Me recuerda cosas que he visto en pelis de la 2ª Guerra Mundial.

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