4. Arrestado.

Me arrestaron dos veces. En los dos casos fue injusto.

Estaba en la noche de guardia en la puerta de salida, un callejón interno de la Escuela de Suboficiales que está entre El Panteón de Marinos Ilustres y la casa del Comandante de la Escuela, un Capitán de Navío.

Para hacer la guardia nos habían dado pistolas, con su correaje y funda. Eran las tres de la mañana cuando un compañero, aburrido, sacó la pistola y empezó a jugar con ella.

-Guarda eso, ya sabes aquello de que las armas las carga el diablo.- Le dije preocupado.

-No nos darán munición, a unos analfabetos de armas como nosotros.- Respondio y siguió jugando con el arma.

Sin darse cuenta montó la pistola y apuntando al suelo disparó. El estruendo en el callejón fue enorme. Yo sentí un golpe en el pié. Salió el Comandante, el Oficial de Guardia y algún Suboficial que empezó a tomar nombres.

Me habia roto la bota justo por la punta, a pocos milímetros de los dedos del pié derecho. Pero de noche, por suerte, el Suboficial no lo vió.

Al día siguiente nadie nos dijo nada. Solo me preocupé de encontrar otro par de botas, porque una, la que recibió el disparo estaba totalmente inutilizada.

Pero el sábado, en la lectura de las Leyes Penales, se anunció nuestro arresto, que no fue muy fuerte, dado el peligro que había pasado. Un día sin salir a la calle, consignado en el Cuarto de Banderas hasta el ocaso. Allí me quedé todo el día, indignado, porque el agredido era yo, sin tener ninguna culpa. Un compañero, a escondidas, me trajo un bocadillo.

El otro arresto también fue debido a una guardia. En la misma puerta principal, cerrada y de madrugada. Un coche se acercó para salir de la Escuela, lo que estaba prohibido. Se paró delante de mi y asomó por la ventanilla alguien vestido de Sargento. Me ordenó abrir la puerta. Salió el coche y no supe más del asunto hasta la siguiente lectura de Leyes Penales.

Dijeron mi nombre, por haber dejado salir a un vehiculo estando la puerta cerrada. Debía presentarme al Oficial de guardia. Seguro que era para el castigo de los cambios de uniforme. Subí al dormitorio y cinco compañeros me ayudaron a preparar los uniformes .

Me presenté al Oficial de guardia, un Capitán de Corbeta, sin más explicaciones me dijo:

-En cinco minutos de uniforme de faena.-

-Mi Comandante, si abrí la puerta principal fue cumpliendo órdenes.- Le dije apresuradamente.

Me miró estrañado y me preguntó:

-¿Órdenes de quien?-.

– En el coche iba un Sargento que me ordenó abrir la puerta-

-¿Quien era?- Me preguntó secamente

-No le ví la cara solo la charretera, estaba oscuro.- Mentí para no ser acusador.

–Ya me enteraré. Tiene el arresto levantado.- Dijo despidiendome.

Más contento que unas Pascuas volví al dormitorio para liberar a mis compañeros. Se habia hecho justicia.

Una respuesta a 4. Arrestado.

  1. José Luis dijo:

    Mi primera guardia fue precisamente en la puerta cancela del callejón que hay entre la casa del Comandante y el Panteón. Entonces era con mosquetones Mauser de cinco tiros. Me preguntaba “¿Qué hace aquí un chico como tú vestido de primera comunión con una escopeta?”

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