2. La revista de higiene.

Nos tuvieron una semana encerrados para asegurarse que saludábamos correctamente, con la mano bien plana.
Pero antes del salir, los sábados, había que cumplimentar una serie de ceremonias obligatórias. Primero, fomados en el patio, elegantemente vestidos de blanco y con sostén azul nos leian las Leyes Penales. Que es algo que dijo Carlos III, pero sin los azotes con látigo después. Era entretenido, porque uno se enteraba que masturbarse en público estaba prohibido.  A continuación leian la lista de arrestados, las causas del arresto y la pena que les caía. El más ligero era no tener permiso para salir a la calle. Luego venía uno intermedio que era pasar el día en la Sala de Banderas, aburridísimo.

El arresto más fuerte que conocí, en carne propia, fue uno que consistía en vestirse de un tipo de uniforme, correr para saludar al Oficial de Guardia, quien te mandaba presentarte en cinco minutos con otro uniforme. Volver al dormitorio corriendo para desnudarse y vestirse de otra manera. A los tres cambios quedaba uno agotado. Aqui funcionaba bastante la solidaridad, porque el truco, para paliar el castigo, consistía en que varios compañeros preparaban los uniformes en el dormitorio, ayudandote a desnudarse y vestirse. Lo malo es que así el castigo afectaba a otros milicianos. Pero ayudaban encantados, porque pensaban que les podría pasar también a ellos algún día y necesitarían ayuda.

Formación antes de la salida

Después  de las Leyes Penales y un desfile se podia salir a la calle. Pero parece que faltaba todavía algo. No sabíamos la razón, pero para salir a la calle se estaba formando una larga cola en fila india.

-¿Ahora que pasa?- Pregunté a un Cabo Primera, que como veterano debería saberlo todo.

-Le tenemos que enseñar el pito a un suboficial- Contestó.

-Venga, hombre- Dije. No podía creerme eso. Era otra novatada. ¡la había descubierto!. Aunque las novatadas estaban prohibidas, nos las hacían a menudo.

Pero me equivoqué, se llamaba “La Revista de Higiene”. Desde Carlos III comprobaban que el pito estuviera bien limpio. Sería para quedar bien con las chicas en la calle. Lo miraban detenidamente por todos los lados, convenientemente descapullado. Suerte que la ducha diaria, ya no era semanal.

El domingo además había que sistir a una misa en el Panteón de Marinos Ilustres. Solo tras estas ceremónias nos dejaban salir a la calle, si pasábamos convenientemente por todas las pruebas. Estábamos orgullosos de la Armada y de nosotros mismos.

Una respuesta a 2. La revista de higiene.

  1. José Luis dijo:

    A nosotros la revista de higiene nos la hacían una vez al mes. Creo que era para asegurarse de que no tuviésemos ladillas. En la época de Carlos III debía de haber menos higiene…

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